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Una perfecta novela inglesa de intriga

Edgar Wallace fue el guionista de «King Kong»LOS LIBROS DE MI VIDA

Edgar Wallace sentó las bases del género en «El misterio de la vela doblada», una obra maestra publicada en 1916 que atrapa al lector

En unos tiempos en los que los lectores sienten una creciente fascinación por la novela negra en sus muchas variantes, no deja de ser una rara paradoja el olvido del maestro de la narración de intriga y misterio que dominó el género en las tres primeras décadas del siglo XX: Edgar Wallace. A Wallace se le recuerda hoy por el ser el autor del guion de la mítica película «King Kong», pero fue un periodista, dramaturgo y novelista británico con una prolífica producción. Nacido en Londres en 1875, sus textos han inspirado películas y piezas de teatro y, sobre todo, contribuyeron a poner las bases de ese tipo de literatura que al otro lado del continente llevarían a gran altura creadores como Hammett y Chandler con una carga de denuncia social de la que ciertamente carece Wallace.

Era hijo ilegítimo de un actor, que no quiso poner su nombre en el registro parroquial. Fue adoptado en su infancia por el mozo de un mercado de pescado y trabajó en la adolescencia como repartidor de leche, cocinero en un buque y tipógrafo en una imprenta. Al cumplir los 18 ingresó en el Ejército donde permaneció seis años. Al descubrir que la vida militar le aburría, optó por dedicarse al periodismo, una vocación que nunca abandonó. Fue redactor del Daily Mail y de la agencia Reuter y, más tarde, ejerció la profesión en periódicos deportivos, simultaneando esta actividad con el oficio de escritor de ficción.

Edgar Wallace, que pasó última fase de su vida en Estados Unidos, publicó en 1916 El misterio de la vela doblada, una obra que podría ser considerada como el paradigma del género porque reúne todos los ingredientes de lo que luego sería el thriller o moderna novela criminal: una historia construida en torno a un asesinato, un detective que persigue a un malvado, una acción con intriga a raudales, unas pistas que conducen al lector por caminos extraviados y un final inesperado y perfecto.

Meterse en harina

El escritor de Greenwich siempre estuvo preocupado por el realismo de sus relatos hasta el punto de que acudía con frecuencia al tribunal londinense de Old Bailey e interrogaba a los condenados a muerte para obtener material para sus creaciones. Llegó a ofrecer la astronómica suma de 5.000 libras al celebre doctor Armstrong para que le contase la historia de sus envenenamientos por los que fue sentenciado a la horca. Igualmente se asoció a un personaje del hampa y se metió en un negocio ilegal de apuestas para poder escribir sobre el asunto.

El misterio de la vela doblada forma parte de la trilogía que, a mi juicio, coloca a Wallace en lo más alto de la novela policiaca. Las otras dos son Los cuatro hombres justos (1905), en la que se recrea en el enigma de la habitación cerrada, y El círculo carmesí (1922), en la que aborda la existencia de una organización criminal que siembra el terror en Londres. Cualquiera de las tres es absolutamente recomendable, una delicia para la lectura en una tarde de invierno al calor del hogar.

El protagonista de El misterio de la vela doblada es el joven detective de Scotland Yard T. X. Meredith, con una poderosa capacidad de deducción que evoca a Sherlock Holmes. Meredith tiene que desentrañar un asesinato cometido por su amigo, el escritor de novelas de misterio John Lexman. La trama gira en torno a un intrigante bellaco albanés llamado Remington Kara, que extiende su poder por los círculos de la aristocracia británica. Este personaje recuerda también a Moriarty, el genio del mal creado por Conan Doyle.

Vida apasionante

El texto de Wallace es un ejercicio de virtuosismo con continuos e inesperados giros que conducen a un final perfecto sin que la narración decaiga en ningún momento con el telón de fondo de la misteriosa mansión donde reside Kara. Sólo Meredith será capaz de desentrañar la verdad en un caso que confunde a Scotland Yard. La pasión de Wallace por la verosimilitud de sus novelas le llevó a estudiar la obra de los más famosos criminalistas, entre ellos, Krafft-Ebing. Se hizo tan famoso que la Policía alemana recabó su ayuda para atrapar a El Vampiro de Dusseldorf e incluso Su Majestad Jorge V le nombró subinspector para asesorar sobre asuntos de seguridad.

Pero Wallace poseía además un extraordinario talento literario, que se expresa en la viveza de sus diálogos, en la esmerada puesta en escena de los protagonistas, en su sentido del humor y en la acertada construcción de sus tramas, que tal vez nadie ha superado en la historia de la novela de intriga y misterio. El autor inglés es un clásico y como tal hay que leerle para ser justos con él.

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