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«Un ilustrador es quien logra poner en imágenes dibujadas conceptos, universos narrativos e ideas»

La ilustradora barcelonesa Júlia SardàEN MUCHAS PALABRAS

Las grandes editoriales internacionales se rifan a la ilustradora barcelonesa Júlia Sardà, quien se está convirtiendo en referente a la hora de dibujar para el público infantil

Ilustradores que marquen diferencia y aporten su visión del mundo que les rodea con un estilo propio y definido, hay poquitos. Por suerte, en España están surgiendo talentosos ilustradores e ilustradoras que aportan su trazo diferenciador y reconocible en numerosos trabajos. Es el caso de Júlia Sardà (Barcelona, 1987), hija de artista, quien muestra a través de un trabajo exigente un dibujo definitorio y elegante que la ha llevado a trabajar con grandes editoriales internacionales como Simon & Schuster, Tundra Books, Faber & Faber y Penguin Random House, entre otras. En España ha ilustrado grandes trabajos publicados por la editorial Impedimenta como son « Los Liszt», su primer trabajo como autora, y « Mary, que escribió Frankenstein».

–Háblenos un poco de usted ¿cuándo y cómo surge su interés por el dibujo?

–Siempre digo que he dibujado toda la vida. Como a cualquier niño, me divertía y me servía como medio para entender y procesar ideas y realidades. Mi padre, Jordi Sardà, es pintor y siempre ha sido un referente para mí. Verle a él trabajar y entender la felicidad que le reportaba la pintura me animaron también a iniciar un camino profesional en el dibujo. La idea de poder vivir de una pasión, de que el trabajo fuera para mí no una condena sino una bendición, me parecía hacerle un truco a la vida y quedarme con todo. Con la diversión, el tiempo, el dinero y la realización personal. Es decir, quedarme con toda mi vida para mi misma.

–¿Qué significa para usted la palabra «ilustradora»?

–Para mí un ilustrador es la persona que logra poner en imágenes dibujadas conceptos, universos narrativos, ideas y sensaciones, que consigue traducirlos en una imagen que hace diana. Y que lo hace con un estilo lleno de matices sutiles que añaden carácter, carisma y una personalidad propias del que mira, del ilustrador. Él propone ver a través de sus ojos, interpretando la realidad y tiñéndola de todo lo que le interesa, le fascina, le hace gracia, le repugna o le parece ridículo. Se puede describir el carácter de un ilustrador viendo sus dibujos.

–¿Tiene ilustradores de referencia que puedan llegar a inspirarle? ¿Quiénes son?

–Muchísimos. Es complicado no dejarme ninguno si los intento enumerar. Tengo una debilidad extrema por Carson Ellis, me enamora su forma de mostrar el mundo, viviría en sus dibujos. Me parece inteligente, arriesgada, elegante y me hace reír. Me encanta también el universo de Edward Gorey, su oscuridad y las barreras que traspasa, los registros con los que se expresa, su técnica sutil. Tove Jansson también es una diosa para mí. Es una mujer que elige de una manera muy afilada qué cuenta y cómo lo hace, es elegante, inteligente, directa y delicada. Y tengo miles más. De hecho tengo una carpeta enorme en mi ordenador llena de referencias, antiguas y nuevas, de ilustradores de muchos países distintos que muestran lo que ven de distintas formas, todas genuinas y maravillosas.

«No soporto ver en un dibujo timidez, miedo o deseo de complacer»

–¿La capacidad de dibujar se tiene o se adquiere?

–Supongo que hay gente con más facilidad para traducir lo que el ojo ve al papel, pero no va solo de esto. Para mí lo importante es todo lo que hay detrás, el carácter de la persona y todo su universo creativo. Así que pienso que es casi más importante la intención que la técnica o la capacidad de dibujo. La fuerza es lo que yo recuerdo cuando miro. En este sentido creo que no importa mucho saber dibujar si tienes cosas que contar. Por otro lado si le echas horas seguro que aprendes a dibujar de una manera decente, pero ya digo que no creo que sea eso lo más importante.

–¿Qué convierte el trazo de un dibujo en algo interesante?

–Como decía arriba, a mi lo que me interesa es la fuerza. También la libertad. Cuando veo en el trazo de alguien con facilidad que su mano corre tan rápido como sus ideas y que no encuentra los obstáculos de la razón y el prejuicio, me enamoro. A lo mejor no me acaba de gustar el resultado final, pero toda esta potencia es muy difícil de encontrar y creo que en su mayor parte es innata. Así que supongo que esto es para mí lo que hace un trazo interesante y valioso.

–¿Ilustrar es arte?

–Yo creo que sí. O quiero creer que sí. Hay indudablemente una parte artística en el trabajo; la interpretación del mundo a través del universo propio, la visión genuina que el ilustrador propone, las decisiones que debe tomar, lo que elige subrayar, dónde pone la atención del ojo y porqué. Luego, las ilustraciones están al servicio de la idea de otro, cumplen una función, ilustran una idea de otra persona que no puede/sabe/quiere ilustrar y en ese sentido supongo que no se puede hablar de la expresión total de este universo poético sino más bien de el uso formal que se le da. Para mí es un trabajo artístico de mucho valor pero falta o queda en segundo término el discurso del artista. Hay muchos casos en que los ilustradores acaban también desarrollando sus propias ideas e ilustrándolas. En libros, fanzines, cómics, series de láminas, exposiciones, lo que sea. En este caso no hay editores, ni escritores, ni equipos de ventas, ni agentes ni nada, sólo la figura del ilustrador hablando, y supongo que en este caso me parece una forma de arte total.

–¿Qué no soporta ver en un dibujo?

–Timidez, miedo, deseo de complacer. Y no lo digo porque yo esté libre de estos sentimientos y los condene. Justamente no los soporto porqué intento luchar día a día contra ellos y me parecen mis flaquezas más detestables.

–¿Se arrepiente de haber hecho alguna ilustración que se haya publicado? ¿Por qué?

–¡Muchísimas! Bueno, no sé si arrepentirme es la palabra porque todos los trabajos que no me gustan los tuve que hacer por sobrevivir, y lo volvería a hacer, supongo. Tuve que trabajar en muchos proyectos que no me gustaban nada, sobretodo al principio; cuentos cursis, planos o absolutamente aburridos. En aquel momento era muy fuerte y resistente y prefería seguir picando piedra a buscar un trabajo mal pagado que me permitiera mantener mi integridad intacta. Lo veía como un paso necesario para conseguir una mejor posición que me permitiera ser selectiva. Sentía que aunque no me gustara el encargo me estaba curtiendo, ganando capacidad resolutiva, velocidad, agilidad en el trato con la editorial, y, claro, dinero. Ahora ya no sé qué haría si vuelvo a entrar en una mala época. A lo mejor prefiero irme a hacer la vendimia a hacer un libro de princesas heteronormativas que salvan su pueblo con la ayuda de una joya mágica. Espero que llegado el momento sepa volver a acomodar mi nivel de vida a mis posibilidades en vez de sacrificar mi vocación, porque esto sí que me parece pan para hoy, hambre para mañana. Un trabajo tan sacrificado tiene que tener una vocación sana y bien alimentada detrás, si no, no vale la pena.

–Ha conseguido un estilo muy definido y expresivo, de gran alcance visual. ¿Cómo llegó a el? ¿Qué busca transmitir a través de sus dibujos?

–¡Gracias! Lo que hago ahora es producto de muchísimas influencias. He ido copiando y analizando para poder asimilar lo que me parecía interesante de muchos otros ilustradores, pintores, directores de arte, músicos, directores de cine, etc. Intento ser una esponja y recolectar ideas de tapices, murales, mosaicos, pelis, fotos, libros, discos, lo que pueda, de tantas disciplinas como sea posible. Pienso que saber más, mirar más y mejor te hace dibujar cada vez de una forma más rica. Por otro lado, empecé dibujando muy influenciada por el cómic francés y la animación. Con el tiempo me di cuenta de que ni el cómic francés ni la animación eran para mí e intenté librarme de sus dejes más característicos para entrar mejor en el mundo editorial. Cuesta mucho cambiar de estilo, mejorarlo, pulirlo. Mi cerebro es gandul y necesito mucha conciencia y concentración para no caer en los recursos de siempre, para no dibujar con inercia. Igualmente esto es un trabajo constante. Cada libro que empiezo lo encaro con mil buenos propósitos de experimentos, adiciones, mejoras estilísticas y conceptuales, que luego acaban quedando en la mitad de la mitad porque cuesta mucho adelantar sobre la marcha, con no mucho tiempo y con editoriales detrás que prefieren que no hagas experimentos justo con su proyecto. Con mis dibujos busco transmitir mi visión de las cosas. El mundo me parece genial y asqueroso, y a veces esto me da risa y a veces me deprime. Me gustaría que la gente, los niños, o quién sea que ve mis dibujos se sienta feliz de que alguien explique la vieja historia de una manera que le parezca inspiradora. Que les dé curiosidad, que les parezca bella y también extraña, que les lleve luego también a pensamientos nuevos y que les plantee preguntas, que les anime.

Una ilustración de «Mary, que escribió Frankenstein»

–La elección del color es un elemento importante que forma parte del dibujo ¿cuál es su criterio a la hora de poner color o no, en un proyecto determinado?

–Casi siempre trabajo a color, me gusta. Bueno, sinceramente lo que me gusta es no tener que tomar decisiones, poder usarlos todos siempre. En muchos casos esto es una lástima porque la selección de colores determinados para proyectos enteros o para épocas enteras, da identidad e intención, pero exige pensar, tomar decisiones y ser muy audaz. A mí me cuesta mucho hacer este ejercicio, me cuesta disfrutar de la limitación, así que al final siempre acabo resignándome a elegir una paleta de colores (no muy limitada) e intentando serle fiel a lo largo del libro. El color para mí es un misterio. Siempre intento dominarlo para mis propios fines pero luego siempre acaba pasando otra cosa que está mejor o peor. Normalmente tengo la sensación de que al final tengo que sacrificar mi idea inicial en pos de lo que me pide el dibujo, bueno, en pos de lo que mis carencias me permiten.

–De los proyectos que ha realizado, ¿hay alguno del que se sienta más orgullosa? ¿Por qué?

–Me siento orgullosa de muchos proyectos, pero podría resaltar uno de los últimos que terminé; «Duckworth the Difficult Child» que saldrá publicado en junio con Simon and Schuster en Estados Unidos. Me gusta porque hice una apuesta estética bastante diferente, jugando con muchos espacios en blanco, mucho más simple que otros libros anteriores, con pocos elementos pero bien elegidos y trabajados, explorando cómo se influencian los pesos y los valores en la página en blanco. Fue muy divertido trabajarlo y muy gratificante porque con la editora Emma Ledbetter y el autor Michael Sussman fuimos muy a la par durante todo el proceso. Y por otro lado la historia me encanta, trata de un niño que es devorado por una serpiente gigante que sale de su armario y sus padres no se dan ni cuenta porque están demasiado ocupados leyendo un libro titulado «How to deal with a Difficult Child». Cuando me gusta la historia que dibujo me sale mucho mejor todo y estoy de mejor humor.

–¿Cuál es su mayor satisfacción cuando termina un proyecto?

–Creo que la mayor satisfacción es que me siga gustando al terminarlo. Me cuesta mucho terminar un proyecto y sentirme inmediatamente orgullosa del resultado. Siempre falta tiempo, está aquella página que debería haber solucionado de otro modo, aquella composición que nunca acabó de funcionar y que tuve que dar por perdida, aquella otra con la que tenía muchas expectativas y luego fue un desastre, o simplemente que en general acabo saturada y soy incapaz de decir si está bien o es basura. Muy pocas veces he acabado un proyecto y he pasado una tarde de paz revolcándome en mis ilustraciones, antes de enviarlas satisfecha a la editorial. Normalmente lo dejo apartado, casi castigado, y no lo miro en unos meses. Luego vuelvo a él tímidamente, con el tiempo me voy perdonando y al final felicitando.

–Realiza trabajos para grandes grupos editoriales, ¿cómo es esta experiencia?, ¿tiene total libertad para realizar sus proyectos? Háblenos del proceso.

–Sí, me gusta. Bueno, no siempre. Varia mucho según quién te dirige. Normalmente cuando se ponen en contacto conmigo es porque les gusta tu trayectoria y están deseando que disfrutes y hagas el proyecto tuyo, ya que esta es la manera de que saques lo mejor de ti. A veces hay mala suerte y cambian la directora de arte a medio proyecto y te ponen a otra persona con la que no encajas y todo va a trompicones. Aún así mi experiencia ha sido casi siempre muy buena, me he sentido muy respaldada, con mucho margen de decisión, muy incluida en todas las decisiones del proyecto y bien pagada. No hay total libertad para hacer lo que quieras (hablo ya de sentido común), es una empresa con unos objetivos y tiene que ser un proyecto rentable.

–¿Cómo se enfrenta al papel en blanco?

–Empezar un libro es un proceso muy emocionante. Siempre me motivo mucho el primer día, me miro el manuscrito mil veces y me pongo a visualizar referentes y a intentar ver dónde encaja esto dentro de mi imaginario. Esta parte me gusta mucho porque está llena de posibilidades. También me gusta mucho paginar el manuscrito e interpretar la narrativa y unidades de sentido de las páginas. Es muy divertido jugar con el paso de pagina para dar efectos de conclusión o de suspense y con las diferentes velocidades que la narrativa propone o también subrayar las repeticiones o ciclos que se entrevén en el texto. Eso pasa con el álbum ilustrado, que es lo que últimamente hago más. Empecé haciendo libros con ilustraciones, que no tiene nada que ver porque se tienen que tomar en consideración otros elementos. Las dos formas me gustan mucho, pero el álbum ilustrado me parece más complicado, menos agradecido, más laborioso y más difícil en general. Pero muy interesante. Siempre hay un momento de resistencia a la hora de coger el lápiz y empezar a concretar. Me da la sensación de que traducirlo a la realidad es arriesgado y puedes perder más fácilmente que ganar (aquí salen mi timidez, mis miedos, mi deseo de complacer).

–En la actualidad estamos bombardeados por imágenes constantemente. ¿Qué puede convertir a una ilustración en diferente, memorable y que perdure en el tiempo? ¿En dónde podemos encontrar la belleza de una ilustración?

–A lo mejor me atrevería a decir que, dentro del inmenso diálogo de caos que es internet, puede perdurar o ser recordada más fácilmente una ilustración que responda preguntas colectivas que afecten a una mayoría o que dé voz a un movimiento, a una demanda de un determinado momento o a una preocupación o fascinación general. Imágenes que solidifiquen ideas que muchos intuyen pero aún no han tenido el tiempo de reacción o la lucidez para verbalizar. No necesariamente tiene que ser una cuestión reivindicativa pero tiene que representar a muchos sin ser mediocre, siendo verdadera. Tiene que dotar a muchos de la misma audacia e ingenio con que se resuelve a sí misma. La belleza me parece muy subjetiva y cambiante a la que vez absoluta. Podemos encontrar belleza en infinitos aspectos de una ilustración; en la armonía de sus colores, en la verdad de su motivo, en la sutileza de su trazo, en el riesgo de la propuesta, en el imaginario al que apela, en la representación de la forma, en el preciosismo del detalle, en la perfección de la técnica, en la sobriedad de su lenguaje… Todo puede ser bello dependiendo del ojo que lo mira pero a la vez siento que hay una belleza verdadera. A lo mejor esto segundo es simplemente una de las cualidades de la propia belleza, que por el hecho de ser bella parece verdadera.

«Se puede describir el carácter de un ilustrador con sólo ver sus dibujos»

–Las imágenes llevan más de 30.000 años ayudándonos a ver. ¿Crear imagen de algo le añade importancia a lo representado?

–Supongo que sí, me parece que tendemos a representar las cosas que nos parecen importantes haciéndolas así más importantes aún. Seguir representando hechos o ideas actualiza el código con que las explicamos y las hace entendibles para las nuevas generaciones. Las cosas, al ser representadas se concretan, se hacen más profundas, se ensalzan, se inmortalizan, se vuelven clásicos. Llegan a un público amplísimo. Eso añade importancia a lo representado, por lo popular que se vuelve, porque puede llegar a cambiar su esencia.

–¿Cree que se valora la ilustración y a los ilustradores lo suficiente? ¿Qué papel juega la ilustración en la cultura visual actual?

–Me parece que sí. No sé si es necesario valorarlo o reivindicarlo mucho más. Es un oficio artístico, una genial forma de arte como tantas miles, con sus aficionados, los que la practican, los que la comercializan o le dan las aplicaciones que sean. A nivel económico diría que sí que me parece que deberían valorarse más. Puede ser realmente complicado ganarse la vida como ilustrador en España, pagando una locura de autónomos y con un mercado pequeño, de tiradas bajas y presupuestos ajustados. También está el clásico de las rémoras que te intentan pagar con visibilidad o que hasta te insinúan que si disfrutas trabajando no deberías pensar en la remuneración. La ilustración juega un papel importante en la cultura visual actual, rodeada de mil disciplinas más, que también juegan fuerte.

–Actualmente en España han surgido muchos editores independientes que apuestan por textos clásicos y obras ilustradas para adultos, ¿cómo valora este momento editorial?

–Me parece una maravilla. Me encantan los textos clásicos y cuando encuentras obras de este tipo editadas con amor e ilustradas con cuidado, es genial. Es un objeto de colección, de regalo, una experiencia de lectura. Ojalá se hagan muchos. Zorro Rojo e Impedimenta hacen un montón de genialidades de este tipo. Huelen bien, el papel es agradable al tacto, el diseño hace que sean cómodos y fluidos de leer.

–¿Se da la importancia suficiente en el sector editorial al diseño?

–Yo creo que no. Bueno, obviamente hay ciertas editoriales que apuestan muy fuerte por un diseño exquisito pero no creo que sea la norma. Sobre todo en el sector más comercial, a veces cuando entro en una editorial y veo las pilas de libros con mil tipografías, colores y papeles brillantes, tengo más la sensación de estar en un quiosco de revistas (con todo mi respeto por los quioscos y las revistas).

–Entre sus últimos proyectos se encuentran las obras ilustradas «Mary, que escribió Frankenstein» y «Los Liszt». Cuéntenos el proceso de elaboración de los trabajos, desde la aparición de esa primera idea pasando por la forma y la estructura hasta llegar a la finalización. Además, ¿qué es lo más importante para generar un interés en ese posible lector?

–Pues en los dos casos fue un proceso bastante laborioso. Es gracioso porque llegaron las dos ofertas a la vez, de la misma editorial, Tundra Books Penguin Random House. Los leí a la vez, acordamos el orden de producción y me puse con «Los Liszt». Trabajamos muy bien con la editora, Tara Walker, y con la escritora, Kyo Maclear. Fue un proceso muy fluido. Leí el manuscrito, distribuí las páginas y los bloques de texto, hice la primera ronda de esbozos que fue casi aprobada a la primera, corregí y luego ya pasé al color y portada. En el caso de «Los Liszt» también caligrafié el libro. En el caso de «Mary…» fue casi lo mismo pero cambió mucho el registro, era una biografía. La documentación entonces es muy importante pero por suerte tanto la editora, otra vez Tara, como la escritora Linda Bailey, eran expertas en Mary Shelley. Así que tuve una gran ayuda por su parte. En el libro de Mary me embarqué en una cruzada cansadísima, intentando pintar casi todas las ilustraciones del álbum a sangre. Las ilustraciones de álbum ilustrado son dobles páginas muy grandes. Me apetecía hacerlo así, pero no era realista por una cuestión de tiempo, y acabé bajando mucho el nivel. Queda bien, pero debería estar mejor. Supongo que las ilustraciones generan interés si se lo generan al ilustrador también; si se ha tomado el tiempo de resolver obstáculos, reinventar formas, hacerse suyo el proyecto, pasárselo bien. Si este es el caso, seguramente el ilustrador estará orgulloso del resultado, y creo que eso se tiene que notar y ser interesante en algún punto.

Una ilustración de «Mary, que escribió Frankenstein»

–¿Qué piensa de la conversión digital que no termina de llegar del todo a España en el sector editorial? ¿Desaparecerá el libro en papel?

–Pues no creo que desaparezca el libro en papel, es demasiado bonito, a todos nos gusta. A lo mejor desaparece la producción más comercial, la más masiva, la de batalla mal producida, y se impriman solo ejemplares muy cuidados y preciosos. Eso estaría bien, así ahorraríamos papel. Y sobre la conversión digital, si mi teoría de arriba es correcta, me parece una pena que se retrase. Pero ya pasa esto de que muchas cosas tardan en llegar a España

–¿Qué es el libro para Júlia Sardà?

–Los libros son como amigos temporales muy interesantes con los que pasas épocas de tu vida. Escritores geniales que se estrujan la mollera para contarte las cosas más interesantes de la mejor manera posible. De repente forman parte de tu vida. Sus comentarios son los que recuerdas, se te pega su cinismo o su sentido del humor, sus opiniones y obsesiones son las que comentas luego con tus otros amigos corpóreos. Me fascina que a efectos prácticos leer sea como escuchar, casi como compartir tiempo, aunque la comunicación sea unilateral. Son como cápsulas del tiempo de amigos brillantes. Cuando era más pequeña veía los libros más como ventanas. Me parecían una válvula de escape imprescindible. De hecho, tuve una pequeña crisis durante el periodo pre-adolescente en la que la realidad no podía parar de decepcionarme; me parecía terriblemente aburrida. Yo era muy aficionada a los libros de fantasía épica, pasaba tantas horas leyendo aquellas obras interminables que casi estaba más allá que aquí. También me pasó con unos cómics «manga» de robots que me conmovieron profundamente. A veces aún los releo y me acuerdo de la pasión que me generaban. Me daban acceso a todo un espectro de sentimientos, miedos y anhelos aún prohibidos para mí.

–¿Está actualmente trabajando en un nuevo proyecto?

–¡Sí! En unos cuantos a la vez. Estoy ilustrando «The Old Possum’s Book of Practical Cats» de T.S. Eliot, anteriormente ilustrado por Edward Gorey, lo que me abruma muchísimo. También estoy haciendo un cuento de estilo folklórico / esotérico muy divertido de dibujar, que me resuena a mis fantasías infantiles más íntimas. Y finalmente estoy trabajando en mi primer cuento escrito e ilustrado. Este último es mi adorado tormento. De momento tengo por fin el texto aprobado por las editoras y me voy a poner con los esbozos en un mes y pico. Pero me siento como si fuera mi primer día de trabajo, no tengo ni idea de si lo que estoy haciendo es interesante para alguien. Espero que sí y que me encarguen muchos más.

–Para terminar, ¿qué libro o libros recomendaría leer a todo ilustrador?

–« El Libro del Verano» de Tove Janson. Es una maravilla. Son historias de verano, diálogos entre una vieja y su nieta, suecas, mientras pasan el verano en un islote de 4 por 4 metros en el golfo de Finlandia. Son conversaciones inteligentes, sutiles, afiladas, muy divertidas, poéticas y perturbadoras.Y no está ilustrado, aunque la escritora sea famosa por sus ilustraciones. La manera que tiene de escribir me parece muy interesante porque es en gran parte en imágenes, es poesía visual escrita, por decirlo de alguna manera. Tiene una forma muy peculiar de interpretar la vida.

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