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La sombra de Trapero es alargada

El jefe de los Mossos durante el 1-O nos recordó que entre los cuerpos de seguridad prima la descoordinación que podríamos definir como tensiones corporativas

De sus años como cronista judicial retiene el oyente rostros y palabras y gestos de testigos de variado pelaje. Vi a testigos poco creíbles pero ninguno tan poco creíble como el responsable de Difusión Internacional de la Generalitat que declaró el pasado jueves (no es extraño que le renovasen el contrato; siempre es bueno tener a mano a un tipo fiel, también llamado tonto útil) y escuché a testigos que respondían con claridad las preguntas que se les formulaban.

El major Trapero dejó claro que entre el conseller que se marchó, Jordi Jané, y el que llegó, Jordi Forn, media la distancia entre un profesor de Derecho Constitucional que se fue ante la deriva que tomaba el tema del secesionismo y el activista que llegaba tras la andadura que culminó (Jordi Amat en Largo proceso, amargo sueño, editado por Tusquets) boicoteando un acto previo a los Juegos Olímpicos en Barcelona.

El testigo Trapero nos vino a recordar que entre los cuerpos de seguridad prima la descoordinación que podríamos definir como tensiones corporativas y nos quedamos con la impresión de que tras entrevistarse con Puigdemont, Junqueras y Forn salió frustrado. Tanto como la cúpula de los mossos que le acompañaban. Dejemos a Trapero en el momento que explica que no produjo sorpresa que muchos colegios públicos estuviesen ocupados con finalidad lúdica el fin de semana del 1-0, cosa que no había pasado nunca en anteriores jornadas electorales y recuperemos la historia que hace años contó al oyente el eurodiputado Carles Gasòliba, historia que revela las fraternales relaciones que pueden establecer la política, la política y el buen rollo.

Me dijo Gasòliba: “Un alto cargo croata me explicó que con dinero alemán había comprado tanques en Alemania del Este a generales rusos que exigían se les pagase en cuentas abiertas en Suiza” (los proveedores de material para el referéndum tuvieron menos suerte porque entre pedido realizado y expediente no cursado la Generalitat no pagó porque las cosas de pago se llevaban muy serias, cosa difícil de creer según lo escuchado a día de hoy). Gasòliba fue uno de los fundadores de Convergència y secretario general del Patronat Català Pro Europa, con sede en Bruselas, puesto en marcha en 1982 para actuar como lobby. El 2007 el Patronat pasó a llamarse Catalunya-Món, y el 2012 pasó a ser Diplocat, especializada en asesorar en temas electorales pero incapaz de asesorar en Cataluña.

El año en el que nació Diplocat como oficioso ministerio de Exteriores (todo es oficioso en el tema del secesionismo) Gasòliba pasó a presidir Cidob, cargo del que dimitió el 2016 porque el Govern presidido por Mas quería un Cidob que en lugar de dedicarse a debatir ideas de ámbito internacional se dedicase a impulsar el soberanismo.

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