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La pandemia contra la democracia

No sufren y mueren tan solo las personas, sino que es la vida en libertad la que está en peligro. También el autoritarismo se contagia

A tiros quiere imponer Rodrigo Duterte el confinamiento. En su lógica brutalista nada más lógico que combatir la muerte por la pandemia con la muerte por las balas. La limitación de la libertad de movimientos, como medida no farmacológica prescrita por los epidemiólogos, está siendo adoptada con entusiasmo por los numerosos autócratas en distinto grado que hay en el mundo. Narendra Modi, el primer ministro populista de la India, algo más moderado que Duterte, impone el confinamiento a bastonazos, de fácil y frecuente administración en un país donde se cuentan en millones quienes viven en la calle. El de Hungría, Viktor Orbán, también saca el máximo provecho. Ha ampliado el estado de emergencia en alcance y duración, con limitación permanente de las libertades políticas, la celebración de elecciones y el funcionamiento del Parlamento. Equivale a los plenos poderes, tal como los obtuvo Mussolini en 1922, o a la legislación habilitante de 1933 que convirtió en dictador a Adolf Hitler.

Los instintos autoritarios también se contagian. Y más todavía cuando China predica con el ejemplo de su confinamiento de Wuhan gracias a su abundante tecnología y a sus escasas contemplaciones. Varios países europeos, cuatro de ellos miembros de la UE (Estonia, Letonia, Rumania y Bulgaria), se han acogido a la derogación de su compromiso con la convención de derechos humanos del Consejo de Europa. Sus Gobiernos tendrán barra libre para limitar libertades y derechos mientras dure la pandemia, con el único límite de que no podrán saltarse la prohibición de la pena de muerte, la tortura y la esclavitud.

El confinamiento universal ha congelado la actividad de Gobiernos, Parlamentos, instituciones europeas e incluso organismos internacionales como el Consejo de Seguridad, obligados a debatir en remoto o a anular sus sesiones, como ha hecho el máximo organismo de Naciones Unidas, reunido por última vez el 12 de marzo. La acción de los partidos, los periodistas y las asociaciones civiles se halla también limitada. Se acabaron por prescripción médica las protestas en Chile, Hong Kong y Argelia. Es el mundo feliz para los autoritarios de todo bordo.

En Estados Unidos, cuatro Estados —Ohio, Texas, Misisipi y Kentucky— han aprovechado la ocasión para prohibir momentáneamente las interrupciones del embarazo. También en Italia las asociaciones antiabortistas están consiguiendo su proscripción mientras dure el contagio.

No sufren y mueren tan solo las personas. También la vida en libertad está en peligro.

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