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La banca recurrea a sus clientes más estables para impulsar los préstamos al consumo

Otorga 10.000 millones en crédito preconcedido a los perfiles menos problemáticos y evita problemas de impago, como le pide el supervisor

No todos los clientes de un banco tienen la opción de acceder a una de las líneas de financiación que las entidades ofrecen en bandeja a determinados ciudadanos. Tampoco todos a los que se les ofrece esa posibilidad -a través de llamadas, correos electrónicos, mensajes SMS o en los cajeros automáticos- necesitan dinero para algún gasto.

Esa es la fórmula que ha encontrado la banca para ampliar el negocio de los créditos al consumo y, al mismo tiempo, asegurarse de forma más eficiente que no va a tener problemas de impago en el futuro. Con los préstamos preconcedidos las entidades consiguen, además, evitar un mayor reproche por parte de los supervisores financieros ante las alertas lanzadas habitualmente sobre el repunte de esa financiación.

Aunque las cifras varían en función de cada entidad, el conjunto de los diez grandes bancos españoles otorgaron el año pasado prácticamente 10.000 millones de euros en créditos preconcedidos. Se trata de préstamos que la entidad pone a disposición de los clientes, una vez analizado su perfil: las cuentas que tiene en el banco, el estado de sus ahorros, las deudas que mantiene, los impagos en los que ha podido incurrir, el uso más o menos habitual de las tarjetas y cualquier otro tipo de datos que completen la radiografía de su perfil de riesgo.

Con ese radar financiero definido las entidades se dirigen a aquellos que presentan una solvencia mejor que la de otros colectivos con problemas de morosidad, ingresos poco recurrentes o abultadas deudas con el propio banco.

Todo tipo de gastos

Durante 2018, algunas de esas grandes corporaciones como Banco Santander concedieron casi 1.890 millones de euros en este tipo de créditos. En el caso de Bankia ronda los 1.783 millones. En CaixaBank, la cuantía alcanzó los 1.581 millones. Por su parte, Bankinter concedió 554 millones y Sabadell otros 546 millones. En Kutxabank llegaron a los 342 millones, mientras que en Liberbank aprobaron 178 millones y en Ibercaja 180 millones.

Se trata de préstamos personales que se utilizan, sobre todo, para la compra de vehículos, reforma de viviendas o adquisición de plazas de garaje. También para necesidades que surgen en el ámbito familiar, como gastos sanitarios, estudios o el pago de impuestos. Por eso, los importes máximos de estos créditos alcanzan cuantías que llegan a los 25.000, 30.000 e incluso hasta los 50.000 euros en algunos casos.

El número de potenciales perceptores de este tipo de ofertas de financiación también varía de forma sustancial, según la política de riesgos de cada banco. En algunas entidades, del total de préstamos personales formalizados, el 85% de los mismos fueron preconcedido. En otras explican que aproximadamente entre un 25% y un 30% de sus clientes tienen asignadas diferentes modalidades de límites preconcedidos, basándose en su «alta vinculación», así como en un «comportamiento histórico conocido».

 

El crédito crece un 8%

Esa es la razón por la que la banca logra comercializar mayores volúmenes de financiación -ajenos a la gran masa hipotecaria- sin poner en riesgo el negocio o, al menos, no más de lo necesario. De paso, consiguen aplacar las advertencias de organismos como el Banco de España. Hasta enero pasado, el importe total de créditos al consumo concedidos por la banca se situaba cerca de los 86.000 millones, un 8% superior al del mismo periodo de 2018.

Tal es la vinculación que se ha generado con esta actividad que el supervisor apuntaba en su último informe de estabilidad financiera como las entidades estaban «buscando oportunidades» para obtener «mayores rentabilidades» en créditos domésticos. Y lo estarían haciendo «inducidas» por lo que el propio Banco de España reconoce que son unos «elevados tipos de la cartera crediticia» ligada al consumo, con intereses que superan ampliamente el 7%. Aunque durante el último trimestre de 2018 los intereses cayeron al 6,7%, en el inicio de este año han vuelto a repuntar hasta el 7,4%, según los datos de dicho organismo.

Aunque esa estrategia es beneficiosa para sus balances a corto y medio plazo, «puede llevar a su vez asociados unos mayores riesgos». Y lo hace notar justo en referencia al crecimiento acelerado de la morosidad. Incluso la Comisión Europea y el BCE han instado a la banca española a ser prudente a la hora de potenciar esas líneas de financiación.

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