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Ferrari traga saliva

El Mundial de F-1, que comienza mañana en Melbourne, mide una vez más la larga inversión de la ‘Scuderia’ para dar caza al dúo Mercedes-Hamilton

Los primeros ensayos oficiales del Mundial de Fórmula 1 de 2019 confirmaron aquella máxima que los pilotos repiten como cotorras durante los test de invierno y los periodistas especializados se resisten a aceptar: la pretemporada no es más que eso, un periodo en el que los equipos ponen a prueba sus coches con la intención de mostrar su potencial en la menor medida posible. Los más rápidos hacen todo lo que pueden por alejarse de la zona alta de las tablas de tiempo en su afán de evitar suspicacias o pesquisas acerca de qué elementos llevan o dejan de llevar. Y los más lentos descargan sus monoplazas de gasolina con tal de proyectar una falsa imagen de empaque que con el paso de los grandes premios no pueden defender de ninguna manera.

Con vistas a la temporada que arrancará este domingo en Melbourne (06.10, Movistar F-1), todo parece indicar que Mercedes juega claramente el papel de las estructuras del primer grupo, y McLaren, donde Carlos Sainz relevará a Fernando Alonso, deberá pelear por salir del segundo. La incógnita más grande es Ferrari.

Después de cinco años moviendo cielo y tierra e invirtiendo una morterada para tratar de dar caza a Mercedes, dominador absoluto del último lustro, la Scuderia se enfundó en febrero en Montmeló un mono con la etiqueta de favorito, avalada por la velocidad pura (a una vuelta) de Sebastian Vettel y Charles Leclerc, pero también en las tandas largas, donde el SF90 exhibió una pegada más contundente que la del W10 de la marca de la estrella.

Lo que ocurre es que nadie desarrolla los coches como el constructor alemán, capaz de poner en pista un prototipo completamente nuevo con vistas a la segunda semana de pruebas en el Circuit, y un tercer coche con el que Lewis Hamilton y Valttery Bottas se adjudicaron, por este orden, las dos primeras posiciones tras la jornada inaugural en el trazado de Albert Park.

Justo antes de abandonar Barcelona, Hamilton cuantificó en medio segundo la brecha que había entre Ferrari y Mercedes, siempre a favor del Cavallino Rampante. Al llegar a Australia, el británico insistió en que sus cálculos estaban hechos sobre elementos de análisis reales, y que en ningún caso se guardaron nada en Montmeló. Pues bien, o el chico de Tewin no tiene ningún rubor en mentir o es la formación de Maranello la que este viernes salió a medio gas.

“Fue una sorpresa porque [los Mercedes] fueron muy rápido. No sé si es solo cosa nuestra que sufriéramos tanto hoy o si también les ocurre a los demás, pero es un hecho que los Mercedes juegan en otra liga”, resumió Vettel. “Puede que sea algo generalizado y le podamos dar la vuelta, pero es evidente que van mucho más rápido de lo que decían antes de llegar aquí”, añadió el corredor de Heppenheim, muy gráfico cuando se le pidió que explicara qué había pasado desde los entrenamientos invernales.“Puedo notar que el coche es el mismo que llevaba en Barcelona, solo que ahora hace cosas distintas. No hace exactamente lo que yo quiero aquí y allí, y eso hace que mi nivel de confianza caiga”, describió el tetracampeón del mundo con Red Bull (2009-2013). 

A su lado, Leclerc, afronta el que puede ser el curso sobre el que cimiente su futuro como punta de lanza de Ferrari, aunque el nivel del coche deberá estar muy por encima del actual. “¿Si hemos entrado en pánico? Todavía no”, respondió el monegasco mientras tragaba saliva.

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