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Falstaff, entre Shakespeare y Welles

Un pendenciero Falstaff, en una acuarela realizada en 1829 por Johann Heinrich RambergCINE

El imponente, jovial y entrañable Sir John es una de las mayores creaciones shakespeareanas. Con este personaje, aún vigente, creó Orson Welles una película inmortal, «Campanadas a medianoche»

Además de una preciosa cervecería bruselense art nouveau fundada en 1903 y todavía en pie, frente a la Bolsa belga, Sir John Falstaff es uno de esos raros personajes que Shakespeare inventó «ex novo», sin que aparezca nadie de ese nombre en las « Chronicles» de Holinshed ni en cualquier otra de sus fuentes historiográficas. Acaso pueda identificarse al gordo y borrachín Sir John con un tal Oldcastle que sí aparece con trazas semejantes en las crónicas de la época, pero nunca como modelo exclusivo del Falstaff shakespeareano. El viejo Will podría haberse basado para crearlo en el arquetipo del «miles gloriosus» o soldado fanfarrón de Plauto, sin tener que acudir a nadie real para forjar su imponente, jovial y entrañable figura, sobre la que tanto se ha escrito y divagado después, como corresponde tratándose de una de las figuras más asombrosas que salieron de la pluma del autor de «Macbeth». A Falstaff lo hizo grande, en primer lugar, Shakespeare, pero no es ocioso citar aquí, a la hora de su encumbramiento popular, la ópera « Falstaff», última que compuso Verdi, con libreto de Arrigo Boito, y que, estrenada en 1893, se ha representado desde entonces con enorme éxito en todo el mundo y que ha podido verse hasta esta semana en nuestro Teatro Real en una nueva producción con Laurent Pelly como director escénico.

Pero hay algo importante que conviene decir antes de pasar a la suerte de Falstaff en el cine, y es que las tres veces que protagoniza una ópera (Antonio Salieri, « Falstaff, ossia Le tre burle», 1799; Verdi, «Falstaff», 1893, y Ralph Vaughan Williams, « Sir John in Love», 1929) nos topamos con el Sir John Falstaff de «Las alegres casadas de Windsor», no con el mucho más atractivo y seductor de las dos partes de «Enrique IV», que es el que aborda la inmortal película de Orson Welles « Campanadas a medianoche» (1965). Coincido plenamente con Harold Bloom en que «The Merry Wives of Windsor» es, con mucho, la peor obra escrita por Shakespeare, la menos lucida, la más ramplona y peor trazada.

Rico en matices

De modo que el Falstaff que aparece en esa pieza prescindible no hace sino servir de mero complemento al auténtico Falstaff, que es el que circula por «Enrique IV», embelesando a todo aquel que se encuentra en escena con un personaje como él, tan humano y rico en matices. Welles pensaba –y en eso coincidía con Giuseppe Tomasi di Lampedusa, quien lo dejó escrito en sus cursos de literatura inglesa– que Sir John Falstaff era «la mayor creación de Shakespeare», tanto en las malogradas «Wives» como en « The History of King Henry the Fourth». Welles anduvo toda su vida con la querencia de llevar al cine como absoluto protagonista al Falstaff camarada del príncipe Hal –el futuro Enrique V–, desarrollando la típica historia de amistad entre jovencito y hombre maduro y carismático que desemboca, al final, en la traición del joven a su viejo compañero de juergas y placeres venales. Un drama de ingratitud y olvido con el que se identificaba el propio Welles cambiando el nombre de Falstaff por el suyo y el del príncipe Hal por Hollywood, que le negó el pan y la sal después de haberlo mimado en sus orígenes.

La primera aparición de Falstaff en el cine tuvo lugar en 1923 y en la película de 35 minutos « Falstaff, the Tavern Knight», de Edwin Greenwood, con Roy Byford en el papel principal. Luego, Sir John fue objeto de una serie de la BBC en siete episodios, titulada « The Life and Death of Sir John Falstaff» y estrenada en 1959. Después, en el espléndido filme « Enrique V» de Kenneth Branagh aparece fugazmente Falstaff (que no aparecía en esa pieza de Shakespeare), en un «flashback» de su muerte narrada por Mrs. Quickly. Pero, a mucha distancia de las demás, «Campanadas a medianoche» («Chimes at Midnight»), la película de Orson Welles rodada íntegramente en España, producida por Emiliano Piedra y protagonizada por el propio Welles, es lo más importante que ha urdido el séptimo arte para honrar a Falstaff, contribuyendo a agrandar su leyenda como personaje y enriqueciendo su retrato. No solo de ahondar en la psique de Falstaff y de Hal vive la película, sino también de haber contribuido a la historia del cine con la filmación de la batalla de Shrewsbury, una de las más memorables que ha filmado nunca una cámara de cine.

El de este borrachín es un drama de olvido e ingratitud con el que se identificaba el propio Welles

Inicialmente rechazada por la crítica, aplaudida hoy por la inmensa mayoría de los estudiosos, «Chimes at Midnight» es probablemente la mejor adaptación cinematográfica de una obra de Shakespeare que se haya nunca llevado a cabo. En un blanco y negro imperecedero, asistimos a uno de los dramas de poder más despiadados que puedan verse en fotogramas. Con un presupuesto escasísimo, los responsables de la producción tuvieron que hacer auténticos juegos malabares para cuadrar las intervenciones de actores de la talla de John Gielgud (Enrique IV), Jeanne Moreau (Doll Tearsheet) o Margaret Rutherford (Mrs. Quickly). Nuestros Fernando Rey, José Nieto, Andrés Mejuto y Julio Peña contribuyeron a la fiesta interpretativa. En cuanto al príncipe Hal, Welles recuperó para la versión fílmica a Keith Baxter, el actor que lo acompañó encarnando al futuro Enrique V en la versión escénica previa, estrenada sin ningún éxito en Belfast y en Dublín unos años antes. «Campanadas a medianoche» es uno de esos filmes que crece con el tiempo, como les ocurre a los clásicos. Pero no hay duda de que el Falstaff que nos regala Shakespeare en las dos partes de su «Enrique IV» se merecía una traducción en imágenes tan deslumbrante como la del genial Orson Welles.

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