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El palmarés de Murray no define su tenis

Ha sido uno de los tenistas más completos, por la conjunción de sus golpes y su táctica. Su listado de premios no iguala el de Rafael, Federer o Djokovic, pero su juego no se ha alejado mucho del de ellos

Entristece ver la imagen afectada y el mensaje que nos dejó Andy Murray en la rueda de prensa al explicar su incapacidad para seguir soportando sus dolores en la cadera. Una retirada por lesión es, sin duda, un contratiempo que jamás desea ver cualquier aficionado o cualquier persona mínimamente compasiva. Es la cara más amarga del deporte.

El palmarés del escocés, con sus tres títulos de Grand Slam, su Masters Cup, sus 14 Masters 1000, sus dos medallas olímpicas y su Copa Davis, no define suficientemente la magnitud de su tenis y el peso que ha tenido en la que probablemente sea la mejor época de este deporte. Junto a todo esto hay que valorar sus ocho finales y 10 semifinales de Grand Slam, sus siete finales y 12 semifinales de Master 1000 y algo más que percibí durante muchos años de entrenador junto a Rafael: la dificultad que le suponía a mi sobrino un enfrentamiento contra él y lograr una victoria.

Ha sido uno de los tenistas más completos, por la conjunción de sus golpes y su táctica. Andy tenía una muy buena colocación en la pista, gran rapidez, excelente dominio de la pelota, un primer saque de altísimo nivel y uno de los mejores reveses del circuito, junto al de Novak Djokovic. Su palmarés quizás no iguala el del serbio, ni el de Roger o el de Rafael, pero su tenis, bajo mi punto de vista, no se ha alejado mucho del de los otros tres.

Si tuviera que mencionar su punto más débil, sería quizás su fortaleza mental, que a veces bajaba un poco en los momentos más comprometidos de los partidos. Hay que decir, de todas maneras, que en 2016, cuando alcanzó su nivel más alto y desplegó un tenis estratosférico, superó cualquier atisbo de debilidad, mental o de cualquier otro tipo. Fue, justamente en ese momento, creo yo, cuando su cadera empezó a darle los problemas de los que, lamentablemente, no se ha podido recuperar.

Competir con dolor es muy complicado. Es muy difícil centrarse en los golpes y en el desarrollo del partido cuando necesitas amortiguar tu sufrimiento y evitar determinados movimientos. En 2013, Rafael apenas podía flexionar la piernas por el dolor en sus rodillas y, con no poca dificultad, tuvo que adaptar y comprometer su ejecución. Cuando es la cadera la que está perjudicada, y si no lo tengo mal entendido, es difícil seguir en la competición y ya no hay adaptación que valga. Gustavo Kuerten, otro gran número 1, tuvo que retirarse también por el mismo problema.

La especialidad de Andy Murray ha sido la pista rápida y su cénit y mayores éxitos los hemos visto en la hierba de Wimbledon, que tuvo que esperar 77 años para celebrar el triunfo de otro británico desde que Fred Perry levantara el trofeo por última vez, en 1936.

Lamento mucho que Andy se retire en 2019. Desearía seguir disfrutando su tenis unos cuantos años más. Pero si tiene que ser así, espero que sea dónde le corresponde y dónde se merece, precisamente en la hierba de la pista central del All England Lawn Tennis & Croquet Club. Los aficionados con más solera sabrán ovacionarle, reconocerle su gran aportación a este deporte y demostrarle su profundo agradecimiento.

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