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El «CSI» de las medias negras de Roca Rey

Roca Rey –

A la espera hoy de El Juli, tarde de resaca tras la borrachera de toreo del peruano

Tarde de resaca tras la borrachera de toreo de Roca Rey, el número uno. Cómo sería el banquete de la anochecida anterior que a la mañana siguiente se lió «parda» en el «tuitendido». Como la faena fue de dos orejas unánimes, el debate se montó con los leotardos azabache del limeño, al descubierto tras ser cogido por el sobrero. El CSI de las taleguillas comenzó a desvariar con raras teorías: desde el chaleco antibalas hasta las mallas de kevlar. El pitón del Mayalde, que rajó el muslo en seis centímetros, debió entrar por obra y gracia del espíritu santo… ¡Qué cosas! Harto de tanta «estupidez», el mozo de espadas de la figura del Perú colgó una foto en las redes con el boquete de los «panti de mujer Ysabel Mora, normales y corrientes, para aclarar dudas». Dio más pelos y señales, de 70 deniers y al precio de 7,95 euros. Por si hay algún interesado, en rebajas puede encontrarlos al treinta por ciento… Con y sin faja reductora. «Lástima que no sirvan para reducir la insensibilidad», comentaron en un palco impar mientras se hablaba de tan crucial asunto. Un joven veinteañero mostraba un tuit de Curro Escarcena: «Ahora se va a enterar el personal de que para poder meterte las taleguillas, que resbalen y encajen bien, antes van unos leotardos. Blancos, negros o de estrellitas de colores». Incluso un pijama cuentan que se ponía un famoso diestro de tan flaco que estaba. Leyendas y leyendas…

Negras eran las «medias» (pantis, para ser exactos) de Roca, a lo Sabina. Pero el CSI Las Vegas rodaba un capítulo en Las Ventas para analizar el tejido de un matador que cayó herido, abandonó el hule para reventar Madrid y ayer tuvo que pasar por la clínica para realizarse una ecografía por los fuertes dolores. A la cornada se unía ese vía crucis en el que se ha convertido una Puerta Grande, con la gente queriendo arrancar hombreras y machos. ¡Y hasta las medias! Una locura.

La pintora Paloma Velarde, con un retrato de Morante de la Puebla, en el tendido 4 –

Pero tras la tempestad, y a la espera de la llegada de El Juli y Ureña, los tendidos se enfundaron el terno de la calma. No hubo motivos para grandes apasionamientos, pero chocó esa frialdad cuando Emilio de Justo buscó la colocación sincera. Por algo similar, con otros nombres más de uno se hubiese puesto en pie. «En esto pasa como con las modas. Y ahora la moda son otros», señaló un veterano abonado. En un bajo de sombra, los ganaderos Victorino Martín, muy partidario del extremeño, y Zacarías Moreno comentaban la corrida. «No ha sido lo que esperábamos», era el comentario generalizado entre la afición. Y lo cierto es que los toros nunca terminaron de romper con entrega con su engañosa movilidad. «Un trago» fue el del confirmante Téllez, dispuesto pero sin frutos. Ciertas opciones tuvo el lote de Castella, que «heló la sangre» con un apretadísimo pendular a un vecino, aunque otros prefirieron los poderosos doblones y un cambio de mano eterno. «Qué miedo me da, pero me encanta el pase por la espalda», deletreó un espectador dos filas más atrás. «Hay gustos para todo», sentenció uno cercano. Y eso es lo maravilloso de este arte.

Aunque para arte el de Paloma Velarde, imantada a ese universo de pequeñas cosas, a los «muchos microcosmos» en el infinito del cosmos taurino. No todos lo aprecian, pero no se escapan a la mirada de la artista. Desde su abono del «4», la historiadora y pintora Velarde ve magia en cada rincón, en cada gesto. «Me gusta cazar el alma de las personas». Y así lo muestra en su exposición en el Wellington, pura sensibilidad. Como se reflejaba en el cuadro al óleo que enseñó en su tendido de Sol, un retrato de Morante que encantó: «Es un torero artista que improvisa con mucho valor, con detalles joselitistas tan poéticos como el del pañuelo; ojalá torease en la feria». Ese pañuelo con el que los «ignorantes» antis sembraron una absurda polémica mientras decían que secaba las lágrimas del toro. «Los animalistas dicen muchas tonterías», zanjó un señor. Cosas del «CSI» de los pantis y pañuelos taurinos…

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