in

El crédito seduce a los hogares en el peor momento para los bolsillos por las fiestas

La atracción de financiar todo tipo de compras eleva una deuda familiar imparable y con tipos cada vez más altos

A pesar del atracón navideño de gastos en regalos, restauración, actividades de ocio y alimentación, los consumidores han arrancado el año dándole un nuevo susto a sus bolsillos: el pasado viernes, víspera de Reyes, habrá sido previsiblemente el segundo día del año con mayor gasto con tarjeta, solo por detrás del pujante 'black friday' de finales de noviembre. Así ocurrió el 5 de enero de 2018, cuando el gasto se disparó un 37% más que la media del resto del año.

Esta espiral de consumo en la que se adentran los ciudadanos en esa jornada -según apunta el análisis realizado por Bankinter Consumer Finance-, cuando todavía no ha transcurrido una semana desde que se iniciara el año, no da señales de agotamiento. Con las rebajas a las puertas de muchos establecimientos, el gasto volverá a dispararse. Así ocurre habitualmente entre los meses de enero y febrero, en los que culmina un semestre con la financiación para pequeños gastos disparada. Después el ritmo se ralentiza hasta que llega la otra etapa del año de mayor dinamismo, el verano.

Hace ahora 12 meses, el volumen de préstamos personales en vigor crecía a un ritmo superior al 6% con respecto al ejercicio anterior; a principios de 2016, lo hacía cerca del 5%; y el año previo, por encima del 2,5%, según el Banco de España. Aunque no son los meses en los que más cuantías se conceden por parte de la banca sí que reflejan la cota máxima de financiación interanual con las que los hogares intentan arrancar el ejercicio con holgura. Y esa ayuda financiera es, a la vez, el principal hándicap que puede perjudicar las economías familiares durante el resto de este 2019.

Cuando el pasado mes de noviembre las grandes superficies iniciaban la campaña de Navidad, el Banco de España advertía del riesgo que corría la banca en profundizar en su apuesta por el crédito al consumo como uno de los pilares que más rentabilidad otorgan al negocio financiero en un momento de tipos de interés en mínimos históricos y nuevas exigencias regulatorias. «Como consecuencia en parte de la evolución de la demanda, así como de la búsqueda de segmentos de negocio más rentables, se han producido crecimientos elevados en el crédito al consumo para adquisición de bienes duraderos», argumentaba el supervisor. Y concluía: «un crecimiento muy rápido suele llevar aparejado un mayor riesgo» aunque tarde cierto tiempo en manifestarse.

Este último aviso a la banca, pero también implícitamente ligado a la actitud de los consumidores, llegaba varios meses después de que el Banco Central Europeo (BCE) y laComisión advirtieran a las entidades frente a la tentación de adentrase en la bonanza y asumir riesgos excesivos al conceder este tipo de préstamos. «La reciente expansión de los créditos al consumo merece una vigilancia estrecha», afirmaba un informe conjunto publicado en el mes de julio.

Riesgo de impagos

La imposibilidad de hacer frente al pago de las cuotas de estos créditos es el principal riesgo que asumen los compradores, a pesar de que su situación laboral puedan haber mejorado notablemente en los últimos años. Los riesgos que acechan a la economía pueden desbaratar cualquier presupuesto que esté cogido con pinzas: el BCE puede iniciar la subida de tipos a finales de año; la desaceleración está a la vuelta de la esquina, según los analistas internacionales; y la mejora del empleo puede estancarse. No sería una crisis como las vividas hace una década, pero sí un freno frente a la situación actual.

Aunque la mayor parte de las familias se han ido despojando en los últimos años de las deudas que habían asumido en los últimos años del 'boom' económico, todavía mantienen compromisos con la banca por un valor superior a los 712.000 millones de euros, hasta el pasado mes de noviembre. La cifra es similar a la del ejercicio anterior, aunque contiene una doble realidad: mientras que la deuda de las hipotecas sigue descendiendo, por las amortizaciones que se realizan anualmente, la de los créditos al consumo no para de crecer. A falta de un mes para que finalizara 2018, los ciudadanos debían a los bancos por este concepto 191.038 millones de euros, lo que representa un aumento del 4,5% anual.

La facilidad con la que se puede acceder a estas líneas de financiación revela el éxito que tiene el crédito al consumo -en todas sus modalidades, desde los préstamos hasta las tarjetas de pago financiados- entre los ciudadanos, que optan por esta vía para amortiguar los elevados gastos de la Navidad y mantener el ritmo de consumo diario. Los créditos preconcedidos son ya habituales en la mayor parte de las vitrinas de las sucursales, así como en las aplicaciones móviles bancarias e incluso en las pantallas de información de los cajeros automático. Se trata de líneas de financiación con una cuantía disponible para el usuario al que se dirige el banco -después de haber estudiado su perfil de riesgo-, donde se aseguran que esa aprobación no tiene por qué implicar ningún riesgo para la entidad a futuro. Incluso aunque el cliente no la haya solicitado, su entidad se la pone en bandeja. Por si acaso…

Otra de las vías por la que la financiación al consumo ha triunfado ha sido a través del propio punto de venta. Todas las grandes superficies cuentan con tarjetas o créditos habilitados para que sus clientes opten por esta modalidad para afrontar sus compras, desde el hipermercado hasta los grandes almacenes. Incluso cada vez más pequeños comercios llegan a acuerdos con las entidades o establecimientos financieros de crédito, para tener disponibles esta posibilidad y así intentar competir con los grandes establecimientos.

Sin embargo, los asesores financieros siempre recomiendan atender a todas las condiciones de esos préstamos, para evitar problemas futuros. Entre las cláusulas que deben estudiar se encuentra la ligada a los tipos. El crédito al consumo en España cobra un interés medio que, en ocasiones, llega a duplicar al que se aplica en otras grandes economías de la Unión Europea. Esas tasas se encontraban en el entorno del 7,5% hasta octubre, para las nuevas operaciones, según el Banco de España.

En el caso de las tarjetas de crédito, esos intereses se situaban por encima del 20%. Se trata de un gasto relevante con el que, a medida que transcurre el plazo de la línea de financiación que se ha utilizado, se genera un coste adicional que puede llegar a causar problemas en si las economías familiares iban ajustadas cuando tiraron de esa facilidad para hacer sus compras en las primeras semanas de 2019.

El peligro de los pequeños préstamos instantáneos

lgunas firmas ofrecen cantidades pequeñas a financiar en plazos muy extensos y aplicando intereses que se disparan si se registra un impago. Imagínese la situación: necesita unos 400 euros para pagar la lavadora que justo se le ha roto durante las vacaciones de Navidad. No tiene posibilidad de pagarlos con sus ahorros, porque ahora mismo no dispone de dinero. Recurre a un familiar. Se los presta con la condición de que se los devuelva al mes siguiente, cuando cobre la próxima nómina en el trabajo. Sin ningún coste. Esta situación sería la más normal del mundo si no fuera porque ese familiar es un establecimiento de crédito y la promesa de no cobrarle intereses se transforma en una penalización de hasta el 200% en el caso de que, llegado el mes de febrero, no pueda devolver el dinero.     

     Esta simulación refleja las condiciones en las que algunas compañías aprovechan estos días de estrechez económica para vender sus productos. Aparentemente todo es fácil y sencillo, pero en las condiciones de los préstamos se encuentran unas cláusulas que en algunos casos conllevan un mayor coste del propio préstamo solicitado.

      Los microcréditos, o créditos rápidos, pueden ser una vía para solucionar los problemas económicos por los que pase una familia en un momento determinado, siempre que sea cuáles son las condiciones a las que se atiene el titular del mismo cuando firma el contrato. Más aún si toda la gestión se realiza a través de internet, donde la lectura de los documentos suele ser mucho más rápida que en formato físico, y cuando más 'letra pequeña'' se pueden dejar escapar.  

     Este tipo de empresas ofrecen cantidades que no suelen ser muy elevadas -van desde los 200 hasta los 4.000 o 5.000 euros, dependiendo de cada financiera-. Se trata de cuantías que se usan para cubrir agujeros inesperados; o compras esporádicas con las que no se contaba y sobre las que se está dispuesto a financiar. Pero también hay que tener en cuenta que, en muchas ocasiones, cobran tipos de interés incluso superiores al 25%, lo que encarece el coste total de la compra que se realiza, a base de prolongar durante muchos meses esa financiación. Los expertos sostienen que el plazo de devolución de un crédito al consumo no debería superar al del tiempo en el que se va a disfrutar del bien adquirido.

What do you think?

0 points
Upvote Downvote

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Loading…

0

Comments

0 comments

¿Un nuevo camino?

El misterioso robo de 164 valiosos azulejos del siglo XVII en un monasterio de Lisboa