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Delenda est Europa!

El repliegue es ya observable en el auge del proteccionismo económico entre los políticos europeístas. Única escapatoria : actuar en positivo

La inserción de las elecciones europeas en una secuencia de consultas ha hecho que queden oscurecidas. Lo único importante es saber si el PSOE confirma su hegemonía, si Ciudadanos adelantará al PP o si Podemos va al Gobierno. Hoy por hoy la superficie se impone al fondo de las cuestiones. Así es celebrado que el independentismo en Cataluña pierda su mayoría del 1-0, y resulta menospreciada su espectacular victoria en la Cámara de Comercio e Industria de Barcelona.

La cautela de los medios, por no dañar a su preferencia política, domina entonces sobre la exigencia de verdad, reivindicada en la reciente fiesta de este diario. Así en plan progresista conviene no ahondar en la crítica del catastrófico castrismo sin Castro, porque el blanco único debe ser Trump, o cerrar los ojos ante la nueva estrategia terrorista del Estado Islámico, ya que se favorecería la islamofobia. Consecuencia: al eludir la complejidad de lo real en nombre de lo políticamente correcto, no hay manera de ver claro, que diría Ortega.

El tema europeo es la excepción y cuenta para ello la lucidez del candidato Josep Borrell, tanto en este diario como en el debate de la Sexta. Reconoce la difícil situación actual, y propone un relanzamiento de Europa, con poderes de codecisión para el Parlamento Europeo, políticas expansivas contra la desigualdad y una actuación comunitaria ante las migraciones, el tema que divide a Europa. Más la necesidad de “actuar como potencia”. Es un diseño de programa por desarrollar, orientado a provocar un debate enriquecedor, nada electoralista, con intervención de PP y Ciudadanos. El tema requiere convergencias en Bruselas. Difícil.

De momento, aun captando el objetivo de “prosperidad”, la alternativa izquierdista (Unidas Podemos) no añade a la lluvia de promesas generalizadas sin valorar otra cosa que la descalificación de siempre contra la respuesta europea a la crisis de 2008: “Insuficiente e irresponsable”. Un neoliberalismo, en el cual Pablo Iglesias mete, léase su programa, a Pedro Sánchez y al propio Josep Borrell. Única concreción exterior: buena vecindad con Vladímir Putin. Un euroescéptico sospechoso.

El relanzamiento se hace necesario ante el avance previsible el 26 de mayo del euroescepticismo y de la extrema derecha, con fuertes líderes posfascistas —Matteo Salvini, Marine Le Pen, Víktor Orban—, “soberanistas” dispuestos a desmantelar las competencias de regulación económica y todo indicio de supranacionalidad que obstaculice la afirmación egoísta de los propios intereses. Ni defensa de derechos humanos ni política europea de migración: puertas cerradas. No vencerán, pero sí debilitarán, ante el retroceso de democristianos, y sobre todo de socialdemócratas. El repliegue es ya observable en el auge del proteccionismo económico —exterior e intraeuropeo— entre los políticos europeístas. Única escapatoria: actuar en positivo.

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