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Comus, el tesoro folk que solo David Bowie supo encontrar

Comus a finales de los sesenta –

Se cumplen 50 años del nacimiento de uno de los grupos de culto por excelencia de las islas británicas, al que Bowie veneró y apadrinó

Todo el mundo sabe que David Bowie fue un vanguardista total desde sus primerísimos pasos en el mundo de la música, pero no son tantos los que conocen su faceta como padrino, como mecenas de otros radicales innovadores del panorama artístico de las islas británicas. A finales de los sesenta, Comus fue sin duda uno de sus descubrimientos más increíbles.

En 1969, Bowie conoció en un «happening» callejero a un grupo de artistas que combinaban música, poesía y teatro de un modo que le dejó completamente fascinado. El germen del grupo se había formado en 1967, cuando dos jóvenes de 17 años llamados Roger Wootton y Glenn Goring unieron fuerzas inspirados por los discos de Pentangle y Velvet Underground, grupos de los que hablaban largo y tendido en sus ratos libres en el Ravensbourne College of Art de la ciudad de Kent, donde conocieron al violinista Colin Pearson. Cuando el futuro Duque Blanco los vio actuar, los reclutó inmediatamente para el Beckenham Arts Lab, el centro cultural y artístico que acababa de fundar en la ciudad de Beckenham, todavía en activo. Allí se unieron al proyecto el bajista Andy Hellaby y la percusionista y cantante Bobbie Watson, y poco después, también el que pronto sería su mánager, Chris Youle. Él fue de hecho quien sugirió el nombre de Comus, basándose en una mascarada escrita por John Milton, además de en la figura de la mitología griega Comus, hijo de Circe y Baco y dios del exceso y el desenfreno.

Tras hacerse con lo servicios del flautista Michael Bammi Rose –que pronto abandonaría para ser sustituido por Rob Young-, la banda compuso su primer álbum, «First Utterance», mientras Bowie hacia lo propio con «Space Oddity». Sin embargo solo éste último vería la luz en 1969, debido a los problemas que Comus tuvieron para encontrar un sello que se atreviera a publicar, distribuir y promocionar su bizarra propuesta. Bowie tenía dinero para ayudarles con los conciertos y los procesos creativos, pero no tanto como para hacerse cargo de una grabación en toda regla.

En un último intento por ayudarles a darse a conocer, Bowie se los llevó de gira como teloneros de la gira de «Space Oddity», pero el retraso del disco de Comus hizo que poco a poco fueran perdiendo el contacto. «Bowie siempre nos decía que éramos brillantes, que teníamos un futuro sensacional por delante, y nos llevó de teloneros varias veces. Entonces, él empezó a hacerse famoso con el éxito de «Ziggy Stardust», mientras que nosotros, por el contrario, cometimos algunos errores como acabar en la compañía de discos equivocada. Él fue pasando a otro nivel y perdimos el contacto», recordó Wootton en ABC hace cinco años, en la que sigue siendo su única entrevista con un medio español.

Pero antes de distanciarse de Bowie, dieron un concierto juntos en el Hall Festival de Londres, y allí su suerte cambió. Fueron fichados por Dawn Records, sello subsidiario de Pye Records, a finales de 1970 entraron a grabar, y en 1971 «First Utterance» fue por fin publicado. Días después Young dejó el grupo y le sustituyó una segunda mujer, la fagotista Lindsay Cooper, con la que se propusieron echar toda la carne en el asador para lograr notoriedad en la escena folk. Sin embargo, su propuesta era tan excéntrica que fueron ignorados por completo, y su mánager los abandonó para irse a trabajar a Polydor. Aquello deshizo el grupo, que sólo volvería a reunirse en 1974 para grabar un olvidable «To keep from crying» y separarse.

Pero era cuestión de tiempo que aquel formidable disco de debut tuviese su merecido reconocimiento. Fue reeditado en 1995, y poco después, el líder de la banda sueca de metal progresivo Opeth, Mikael Akerfeldt, quedó prendado de ellos comenzando una campaña pro-Comus en toda regla, empleando frases de sus letras en sus propias canciones, hablando de ellos en las entrevistas y llevando camisetas de «First Utterance» en sus conciertos. «Cuando Mikael me conoció en persona, parecía que iba a llorar de emoción, cuando en realidad era yo el que tenía mucho que agradecerle», recordaba Wootton en su charla con este periódico. La formación original se reunió en 2008 con Jon Seagroatt como nuevo percusionista y flautista, y desde entonces dieron varios conciertos (solo uno en España, en el festival Villamanuela de 2014) e incluso publicaron un nuevo álbum en 2012, «Out of the coma».

Pero su verdadero legado está en la obra maestra que conquistó a Bowie, «First Utterance», una obra cuyas letras sobre sexo brutal, muerte, mística y locura desgarran una música retorcida y preciosa a la vez, con un excepcional sentido de la belleza y el misterio que transforma cuentos de hadas en verdaderos akelarres, todo ello envuelto con un artwork de inspiración alucinógena y una terrorífica portada, en un elepé que hoy cuesta unas mil libras en su primera edición (está disponible a precio asequible en un fantástico doble vinilo editado por Earmark), y que a su principal autor, Roger Wootton, sigue dando inesperadas alegrías medio siglo después: «Durante décadas he recibido multitud de cartas de fans de países tan diferentes como Japón, Brasil, Australia, y muchas de España, en las que me dicen que "First Utterance" cambió sus vidas para siempre».

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