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Ajuste en el fútbol

Las consecuencias de la pandemia invitan a reflexionar sobre la inflación salarial en el deporte rey y la necesidad de construir estructuras empresariales más acordes con fuentes de ingresos que pueden ser volátiles

Hasta el momento, tres clubes de Primera División (Barcelona, Atlético de Madrid y Espanyol) y una quincena de equipos de Segunda B han presentado Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) como consecuencia de la suspensión total, aunque se supone que temporal, de las competiciones futbolísticas. Varios equipos europeos, como el Olympique de Lyon, el de Marsella, el Bayern de Múnich o el Borussia Mönchengladbach han tomado medidas similares. El negocio del fútbol se enfrenta, como el resto de las actividades económicas, al impacto de una caída drástica de la actividad. La suspensión de las competiciones nacionales y continentales reduce a cero los ingresos por taquilla y publicidad, disminuye los ingresos por el descenso del número de abonados y compromete la recaudación por las actividades de merchandising. Las pérdidas totales son difíciles de calcular hoy, pero en algunos casos, como el del Barça, uno de los equipos que han tenido que tomar medidas excepcionales, supera los 200 millones.

Un ERTE no es una buena solución para los equipos de fútbol que pagan retribuciones millonarias a las estrellas de la competición. Solo reconoce el pago del 70% del salario del trabajador afectado, con un tope de unos 2.000 euros; por tanto, es aplicable a los empleados del club con contrato fijo y salarios sujetos a convenio, pero en ningún caso a los sueldos de las estrellas o muy por encima de la media. El ajuste de los clubes a la crisis vírica tiene que hacerse mediante acuerdos de reducción de sueldos con los jugadores. Los jugadores del Barcelona dieron ayer un ejemplo de cómo debería gestionarse la crisis en los clubes millonarios. Aceptaron reducirse el salario en el 70%, tal como pedía la directiva, y anunciaron una aportación al club para que el resto de los empleados, sujetos plenamente al ERTE, perciban el 100% de su salario. Es probable que su gesto sirva de ejemplo también para el Atlético de Madrid, Espanyol y aquellos que en el futuro tengan que tomar medidas drásticas. La reacción a la crisis de los futbolistas privilegiados, en el Barça y en otros clubes, abunda en gestos de solidaridad y apoyo a la población que deben valorarse.

La clave para medir el impacto de la crisis sobre el fútbol radica en si se juegan los partidos que quedan o si, por el contrario, se dan por suspendidos. En el segundo caso, sería obligado aplicar ajustes importantes a los pagos por televisión y es muy probable que otros clubes de Primera División y algunos de Segunda tengan que recurrir a medidas de regulación laboral. Las consecuencias de la pandemia invitan a reflexionar sobre la inflación salarial en el fútbol y la necesidad de construir estructuras empresariales más acordes con fuentes de ingresos que pueden ser volátiles.

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