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Abuelos en videoconferencia

El coronavirus nos está dando la oportunidad de poner en su lugar muchas cosas. Por ejemplo, las redes sociales. En estos tiempos de aislamiento y reclusión, parecería lógico que con buen wifi podríamos mudarnos sin muchas renuncias a la realidad online, en la que ya teníamos un pie y alguna otra extremidad. Sin embargo, la universidad en su modo virtual no es lo mismo. Ver a los abuelos por videoconferencia no tiene la magia que tiene hacerlo presencialmente. Y los amigos con los que estamos conectados no consiguen llenar el hueco que en carne y hueso ocuparían. Por eso salimos a los balcones. Por eso aplaudimos con nuestras manos de realidad. Porque no es lo mismo. Porque el dolor, el miedo y la emoción son manifestaciones del mundo de nuestra piel. Volveremos a habitarlo con renovada ilusión, y quizás enteramente.

Iker Toja Nebot. Madrid

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